29 de agosto de 2011

¡Vente a Alemania Maxi! /11

Y ya sí que sí… ¡BERLÍN TOTAL!

El muro que dividió la ciudad no hizo mucho por ella, tal vez llenarla aún más de historia, pero me sirve hoy para dividir mi visita y repasarla de una forma más o menos ordenada.

BERLÍN OESTE

La parte que quedó de la parte aliada, ese islote de la RFA que quedó dentro de la RDA, fue uno de los más importantes escenarios de la guerra fría que estalló entre las dos potencias mundiales un poco antes del fin del siglo pasado y poco después de acabar la II Guerra Mundial.  

Al estar alojados en la parte este tuvimos que atravesar el principal pulmón de la ciudad, el Tiergarten, para ir a los puntos más interesantes del oeste. El enorme parque ya quedaba en la parte oeste de la ciudad y en él se encuentra la Columna Triunfal (Siegessäule) que se levantó para conmemorar la victoria en la guerra prusiana-danesa de 1864.  Sirve como mirador y es bastante impactante verla de lejos desde la puerta de Brandeburgo, parece que está cerca pero no, hay que andar bastante (recomendable tren (S) o metro (U)) para llegar a ella.

Algo más alejado, tanto que en las guías aparece como en “las afueras”, es el palacio de Charlottenburg, un edificio que se construyó como residencia de Sofía Carlota de Hannover, esposa de Federico III allá por el siglo XVII.  Una monarca tan amada  que hasta un barrio de la ciudad recibe su nombre. Carlota era muy cultivada y su atracción por las artes dejó huella en este edificio que, como muchos, se completó por partes hasta conseguir su aspecto actual.



Es uno de los puntos obligados del Berlín monumental pero a mí me dejó un poco frio. No es que el palacio no tenga cosas maravillosas, por ejemplo una curiosa sala llena de porcelana china, es más bien ese halo de ver algo pre-fabricado lo que no me gustó. Me explico: el palacio sufrió grandísimos daños durante la II Guerra Mundial y se ha hecho un fantástico trabajo en su reconstrucción pero mucho del lujo del mismo estaba en sus desaparecidos muebles, artículos que han sustituido con otros de otros palacios.  El resultado es un poco chocante porque estás viendo no una reconstrucción, sino una “aproximación” a lo que era este palacio y mientras lo ves piensas que a lo mejor no deberían haberlo retocado tanto (o a advertir cuando compras la entrada de lo que realmente vas a ver). En la parte trasera tiene un jardín (impresionante como todos los alemanes que he visto) que es considerado una parte fundamental del conjunto.

Otro punto de interés de la zona oeste es la zona comercial que ocupa los alrededores de la Ku’damm, urbanizada en el siglo XIX, es una avenida con edificios de gran lujo y en la que se encuentran las firmas internacionales típicas de las grandes ciudades. Con  el centro antiguo en el parte oriental, está zona se convirtió en el centro del Berlín occidental. Recorriéndola entera, es un paseo muy agradable, nos encontramos la mayor concentración de United Buddy Bears, unos osos de tamaño natural con los brazos para arriba,  pintados de llamativos colores con diseños individuales. Habíamos visto ya unos cuantos por la ciudad pero la mayoría los vimos en esta calle.  Los osos en cuestión han recorrido mundo y han estado en plazas de varios países, a mí se me antojaban geniales en el Paseo de Recoletos de Madrid o en el de Gracia de Barcelona, a ver si se animan a traerlos.





Al final de la avenida (o principio según desde donde vengas) el punto estrella de la zona oeste: la Kaiser-Wilhelm-Gedäcgtnis-Kirche, una de las fotos más características de la ciudad que no pude sacar porque la estructura principal se encontraba totalmente cubierta. Una pena. La iglesia fue destruida en 1943 conservando sólo parte de la torre central. Su bóveda ruinosa y el campanario octogonal que se erige junto a ella son todo un símbolo de la ciudad. Junto a la torre, que en su base tiene un salón conmemorativo con datos sobre la iglesia y murales que la ocupaban, otro edificio octogonal, más ancho pero más bajo que el campanario, es la iglesia desde el año 1963. Una muy curiosa estructura en vidrio azul que merece la pena conocer.


Acercándonos al este se encuentra  uno de mis puntos favoritos de la ciudad: El enorme parque (explanada) que se encuentra frente al emblemático Reichstag. El edificio, pura historia alemana, es imponente gracias  precisamente al espacio que lo rodea. Su incendio es todo un hecho histórico y aunque no fue reconstruido inmediatamente después de la guerra hoy es la sede del parlamento y luce esplendido gracias a la cúpula de cristal que lo corona diseñada por Norman Foster y para la que es necesario registrarse si se quiere visitar. Descubrirlo la primera tarde al llegar a Berlín, con esa luz de los atardeceres veraniegos, fue el enésimo momento emocionante del viaje.


Para llegar al otro punto que me queda antes de meterme en el Berlín este, bordeamos Puerta de Brandeburgo, recorremos el final de Tiegarten y llegamos a la Potsdamer Platz. En ese camino bordeamos el muro, los adoquines que atestiguan que allí estuvo, para dejar a ambos lados dos monumentos conmemorativos que ya comenté en mi primera impresión de la ciudad y que se merecen más atención. En la parte occidental, un poco metido en el parque, una especie de cubo metálico con una ventanita desde la que podemos ver una pantalla en la que una pareja de chicos se está besando representa el monumento a los homosexuales perseguidos por el nazismo.  Todos los partidos políticos alemanes con representación parlamentaria apoyaron la construcción (Impensable en otros países) de un monumento que tiene a pocos metros una placa, en inglés y alemán, sobre la necesidad de recordar a  estas víctimas perseguidas por su condición sexual.




Justo enfrente, al otro lado del muro pero también sobre la Eberstrasse, se encuentra el monumento al Holocausto Judío. La wikipedia lo explica mejor que yo:

Fue diseñado por el arquitecto Peter Eisenman y por el ingeniero Buro Happold. Se trata de un campo inclinado de 19 000 metros cuadrados cubierto por una rejilla cuadriculada en la que están situadas 2711 estelas o losas de hormigón. Estas losas tienen unas dimensiones de 2,38 m de largo y 0,95 m de ancho, y varían en cuanto a su altura, desde los 0,2 m a los 4,8 m. De acuerdo con el proyecto de Eisenman, las estelas están diseñadas para producir una atmósfera incómoda y confusa, y todo el monumento busca representar un sistema supuestamente ordenado que ha perdido contacto con la razón humana. Con todo, en un folleto turístico oficial editado en 2005 por la Fundación del Monumento, se afirma que el diseño representa una aproximación radical al concepto tradicional de monumento funerario, en parte porque Eisenman no usa ningún tipo de simbolismo. Un subterráneo anexo denominado Ort der Information (Punto de información) contiene los nombres de todas la víctimas judías del holocausto conocidas, obtenidos del museo israelí Yad Vashem.



Impresiona, de verdad, caminar entre esa losas pero lo más impresionante es saber que todavía hay gente que niega que aquello pasara o que insulta la memoria de la victimas dibujando esvásticas (ahora no las hay) sobre el monumento. Creo que fue en el momento de entrar allí, más que en ningún otro sitio antes, cuando tuve conciencia de que no estaba en una ciudad europea más, cosa que confirmaría recorriendo a conciencia (y parándome cada dos por tres) la parte este de Berlín.

Desde ese momento, y con el muro como guía, las referencias a la historia más o menos reciente de la ciudad fueron continuas. Al llegar a la Potsdamer Platz cinco pedazos de muro nos recuerdan lo importante de este sitio que quedó en tierra de nadie. Hoy es una zona llena de edificios modernos al más puro estilo de los centros financieros de prácticamente todas las ciudades occidentales pero en el pasado no fue siempre así. Una zona de importante transito antes de la guerra y uno de los centros de la ciudad quedo desolada durante casi 30 años en los que el muro dividió la ciudad. En la zona encontramos la enorme cúpula bajo la que se está el centro Sony, un alegre lugar lleno de restaurantes entre tanta torre de hormigón y cristal que están, eso sí, muy bien dispuestos. Amante como soy de la arquitectura moderna el lugar me parece ciertamente fantástico. De hecho es tan apabullante que parece que la zona se está tomando una venganza con respecto a las demás para reclamar lo que un día fue y lo que la historia le quitó.


La zona oeste me ha gustado, no lo negaré, pero da la sensación, sobre todo aquella que queda al sur y al oeste del Tiegarten, que perdió el brillo cuando cayó el muro. Es probable que en los primeros tiempos no fuera así, pero hoy tengo la sensación de que la parte este es mucho más interesante que la oeste. He leído otros blog que dicen lo contrario, que la parte oeste es mejor así que tendré que volver para certificarlo. Es, insisto, una sensación que quien viva allí debería confirmar. En cualquier caso no quitaría nada de una ciudad que me ha encantado.

Me quedarán cosas ya que lógicamente en cuatro días se ve mucho pero creo que necesitaría un mes para conocerla como me gustaría de verdad. Lo próximo…el este de Berlín por lo que aviso que…



¡Vente a Alemania Maxi! /10

¡Ey! ¡Que aquí estoy otra vez!. No he podido publicar hasta ahora lo que han sido los últimos días de un viaje fantástico. Ya conté que en Berlín no tenía conexión así que espero que mi Moleskine y mi memoria no me fallen para contar todo lo que he visto (y disfrutado)  en una de las capitales más importantes del mundo y que desde ya es una de mis ciudades favoritas.

Sólo en 4 días no se puede hacer un estudio sociológico de la ciudad ni de cómo es su día a día pero si la primera impresión que causa el caminar por sus calles. Es de libertad, del haz lo que quieras pero sin molestar a los demás y se tolerante. Después de estos días me he quedado impresionado de cómo una ciudad que ha sufrido tanto y que ha estado literalmente rota  se ha reinventado como un lugar abierto a todo y, en muchos aspectos, ejemplo de lo que deberían ser otras.

La manera más cómoda de hacer un resumen de lo que he visto es dividir la parte este de la oeste, tal y como hacía el muro hasta 1989 (y prácticamente todas las guías) pero empezaré estos tres o cuatro últimas entradas con el último lugar visitado de mi tour alemán antes de visitar Berlín y ese ha sido…

POTSDAM

Muy cerca de Berlín (hay una línea de tren que te lleva directo en más o menos media hora) es famosa, además de porque es donde se firmaron los acuerdos que establecieron lo que pasaría con el país durante 45 años, por ser una especie de Versalles a la alemana.







Dentro del Park Sanssouci  encontramos varios palacios (Nuevo, viejo, Orangerie…y otros tantos) que servían de residencia veraniega a la monarquía alemana del siglo XVIII. Los palacios son llamativos pero lo más espectacular son los fastuosos jardines que los rodean.  Similar, variando su tamaño, a los que podemos encontrar en otras partes de Europa (Versalles o La Granja) lo que más me ha gustado son las esculturas neoclásicas que pueblan el lugar. La mitología griega y romana me han parecido siempre algo fascinante por eso estas figuras representando a  Mercurio, Diana, Afrodita y los demás me gustan tanto.

Los palacios están bien y se pueden visitar previo pago. Son interesantes ejemplos de Rococó, el Nuevo es el que más me ha gustado y su visita, con impecable audio guía, me ha gustado bastante sobre todo porque no se trata de un lugar reconstruido ya que no sufrió apenas daños durante la gran guerra.

Además del parque hay otras cosas que ver en Potsdam, como el barrio holandés  o la residencia  Cecilienhof (donde se albergó la conferencia de postdam a la que hacía referencia al principio) pero yo….yo…yo es que tenía muchas muchas (pero muchas) ganas de…

Ya sabéis de que...

23 de agosto de 2011

¡Vente a Alemania Maxi! /9

Con retraso por la conexión en Berlín…aquí sigo (mejor tarde que nunca). Este texto fue escrito el lunes 22 de agosto de 2011.

Abandonamos la fantástica Praga para dirigirnos a una de las más importantes capitales del mundo que me quedaba por conocer, Berlín.  En el camino hemos hecho parada en la capital de Sajonia…

DRESDE (DRESSEN).

La guía que me acompaña, la del País Aguilar (Buenísima), se refiere a esta ciudad como una de las más bellas de Alemania.  Cruzada por el rio Elba, Dresde fue una ciudad arrasada por las fuerzas aliadas tan solo dos meses antes de que finalizara la II Guerra Mundial. Los recuerdos de aquello se hacen patentes en la reconstrucción de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Un poco antes de llegar al centro de la ciudad, he podido ver por primera vez en Alemania las típicos bloques soviéticos de viviendas que dan cuenta de una cosa: Han pasado ya 10 desde la reunificación y las huellas son (afortunadamente) cada vez más difusas pero es obvio que la historia siempre nos dejará marcas que no nos permitan olvidar tiempos pasados.

El centro histórico es, como siempre, el reclamo turístico y es allí donde se encuentran las cosas que es necesario visitar. La iglesia Freunkirche es una curiosa iglesia de aspecto circular (un dodecaedro más bien) que quedó arrasada en 1945 y en qué cuya reconstrucción se financió exclusivamente por los fieles comenzando las obras en 1993.  Muy cerca está Zwinger, el edificio más famoso de Dresde que es una especie de fortificación con galerías y un esplendido  y muy grande patio interior. Tiene un reloj con carrillón compuesto de campanas de porcelana ciertamente curioso y alberga en su interior galerías y exposiciones.


Lo más impresionante que tiene la ciudad es un friso formado por 24.000 azulejos que representa la procesión de muchos gobernantes sajones y que se encuentra en una pared  de 102 metros del edificio llamado Fürztenzug.


Nuestras ansias por conocer nos han hecho realizar un tour en alemán (no sé ni una palabra) para ver el teatro de la ópera con mejor acústica del mundo (dicen). Es la Sächsise Staapsoper un edificio realmente bonito y muy bien cuidado en el que dan ganas de quedarse a disfrutar una buena obra.


Una buena parada la que hemos hecho en Dresde pero a nada le tenía más ganas que a mi llegada a Berlín. A eso de las 18.00 hemos dejado en la estación de tren el Ford C-Max que nos ha acompañado desde Fráncfort y hemos partido hacia la populosa Friedrich Strasse donde nos me alojaré durante mis días aquí.

Las cuatro primeras horas de Berlín han sido increíbles…acércame por primera vez a la puerta de Bradenburgo, parar en el inmenso parque frente al Reichstag para observar un pedazo de historia, caminar por dentro del (necesario) monumento al Holocausto Judío y encontrar justo enfrente el único monumento a la homosexualidad (a la apertura mental) que he visto en mi vida.  Alucinante primer contacto.


El hotel se encuentra en la misma calle que el Checkpoint Charlie o lo que es lo mismo, el paso fronterizo más famoso entre los dos “Berlines” durante la época en la que la ciudad estuvo dividida. La verdad que caminar sobre la línea que da señal donde estuvo la famosa tapia me ha causado (soy un sentimental) mucha emoción. Todo ello lo desarrollaré más porque volveré a pasar de día…definitivamente, Berlín, ya soy tuyo.

(Además he encontrado una tienda al lado del hotel que me ha llamado muchísimo la atención y ya contaré porqué).

21 de agosto de 2011

¡Vente a la República Checa (y2) Maxi! /8

Segundo día completo en Praga (la primera tarde fue una toma de contacto) y la sensación que me ha dejado la ciudad que abandonaré en unas horas es francamente estupenda.

Lo primero es comentar la tarde noche que pasé con Fiordiligi, Dorabella, Ferrando y Guglielmo, personajes del estupendo dramma giocoso en dos actos llamado Cosí Fan Tutte (así hacen todas). Una ópera facilita, para todos los públicos, en la que Mozart retrató la típica historia de equívocos y guerra de sexos.
La producción del Národní Divaldo era sencilla pero muy correcta así como la calidad de los intérpretes. El teatro de los Estados  en sí, ya conté porqué en el post anterior, es una joyita, pequeñito pero con el encanto de los teatros líricos. Una autentica suerte teniendo en cuenta lo asequible de las entradas (la más cara 40 euros) y la calidad del resultado final. Absolutamente recomendable.



Ya por la mañana, y con ese buen sabor de boca, nos hemos dirigido a la ciudad nueva. Recorriendo las calles menos turísticas me he enamorado de la arquitectura de esta ciudad única. Cada calle de estos edificios de principios o mediados del siglo pasado tiene algo, no sé, quizás  es ese amor por la decadencia de aquellas cosas que fueron majestuosas en épocas pasadas y que se ve acentuada por  circulación de los tranvías o tal vez por la aparente frialdad de las formas (de todo lo que no es la zona más turística) lo cierto es que me voy entusiasmado tras conocer Praga.

Desde la puerta del Museo Nacional se ve una esplendida vista de la Plaza de Wenceslao, importante lugar comercial de la ciudad donde hemos visto una librería, un pasillo más bien, que merece la pena visitar aunque no se sepa nada de Checo para ver la impresionante cantidad de libros que están en venta. A muy poco de allí está la Ópera Estatal y el  Narodní Divaldo (Teatro Nacional). Por allí he ido a caer a una Iglesia Ortodoxa cuyo nombre no recuerdo pero que estaba junto a una católica lo que define perfectamente a esta ciudad de mil iglesias. Es una pena que algunas sólo se puedan visitar (tienen horarios muy restringidos) mediante la asistencia a conciertos qué, con franqueza, son auténticos sacacuartos que abusan de las piezas clásicas más conocidas mezclando unas con otras sin ton ni son. Si Vivaldi viera que hacen con sus Cuatro Estaciones…
Antes de cruzar el rio Moldava hemos hecho algunas fotos al edificio que los checos con cierta sorna llaman Ginger y Fred o el edificio danzante y que  se llama en realidad Nationale-Nederlanden. Aunque se atribuye enteramente a Frank Ghery también fue ideado por el arquitecto checo Vlado Miluníc y  es una de las imágenes de la más moderna Praga que no hay que perderse.

Cruzando el puente sobre el Moldava me ha llamado la atención la cantidad de barcos, barquitas, lanchas, y ciclo-pedales que lo navegan. Me quedo con los que tienen forma de cisne y te hacen sentir como  el Lohengrin de la famosa ópera homónima de Wagner.

En la isla de Kampa se encuentra el museo de arte moderno y en sus alrededores se pueden apreciar varias obras modernas que sirven de contraste con las partes más antiguas de la ciudad que vemos justamente desde el otro lado del rio. De allí hemos vuelo a la zona de Malá Strana para ver la Iglesia más impresiónate que he visto desde el comienzo del viaje.

La Iglesia de San Nicolás de Malá Strana es una autentica maravilla y obra cumbre del barroco en Praga. Las esculturas me han impresionado tanto como los frescos de su cúpula pero el recargadísimo púlpito se lleva la palma.  Hay que pagar unos 2 euros para entrar  pero os aseguro que vale la pena.  De allí hemos ido hasta Nerudova, una pintoresca calle que nos lleva hasta el castillo de Praga (que vimos ayer) y que se llama así en honor a Jan Neruda, periodista y escritor Checo de quien Netalí Ricardo Reyes Basoalto tomo prestado su apellido para junto con el nombre de Pablo firmar algunas de las más bellas letras de la literatura latinoamericana del siglo XX.

Tras la parada para comer, la última zona de la ciudad que nos quedaba por visitar es aquella que no está abierta los sábados: El barrio Judío.
Por 300 coronas (aprox 20 euros) y durante varias horas hemos recorrido, en parte, el Museo Judío de Praga. De todo el recorrido nos hemos dejado fuera la Sinagoga Vieja –Nueva (estaba fuera del paquete inicial y se paga aparte aunque hay un ticket combinado de unas 500 coronas) pero lo visto considero que es fundamental en cualquier visita a la ciudad.
-          Sinagoga Maisel (1590-1592) es una sala de exposición, como todas las que veremos, en la que nos cuentan la historia de los Judíos en Bohemia  desde el siglo 10 hasta el 18.
-          Sinagoga Española (1868) es un edificio precioso y está catalogado como una de  las más bonitas de las sinagogas de Europa. Aquí la exposición verás sobre la historia de la comunidad judía desde el 18 hasta las décadas de la postguerra. El edificio es alucinante pero es necesario saber algo de inglés y leer los impresionantes relatos que acompañan cada vitrina.  De lo más interesante del viaje, de verdad.
-          La Sinagoga Pinkas recoge en sus paredes los cerca de 80.000 nombres de Judíos Checos y Moravos víctimas del Nazismo. En el primer piso hay dibujos de los niños que fueron a parar al campo de Tezerín. Es estremecedor, y necesario, entrar en ese edificio.
-          El Viejo Cementerio Judío es el único lugar en el que he podido sacar una foto. El ultimo enterramiento se produjo en 1787 y cuenta con 12.000 lapidas aunque el número de enterrados es mucho mayor (se fueron añadiendo capas de tierra).


-          Sinagoga Klaus está al lado del cementerio y allí aprendemos las tradiciones y costumbres Judías. Interesantísimo, de verdad.
-          La Sala Ceremonial también está junto al cementerio y allí vemos temas dedicados a la enfermedad y a la medicina en el ghetto y el proceso de  enterramiento.
Un regusto amargo y la necesidad de querer saber más (y ser más tolerante) es la que te queda después de ver esto. ¡Cuanto tenemos que aprender  los unos de  los otros para respetarnos y entendernos!
Un último paseo cierra mi fin de semana en Praga que ha dejado unas reflexiones cómicas que serán recopiladas en una especie de epílogo de estos posts. Sé que me dejo muchas cosas pero no hay espacio para todo y es una ciudad inconmensurable.
Gracias por leerme. A quien me pidió mis impresiones de Praga: Ven a verlo tú mismo, te va a encantar.

20 de agosto de 2011

¡Vente a la República Checa Maxi! /7

Praga! ¡Praga! ¡Praga! ¡Praga!

Ya comentaba en el post anterior que habíamos llegado a la capital de la República Checa y de mis primeras experiencias en ella.  A principios de los años 90, mientras estudiaba, recuerdo que una compañera, que quería preparar un viaje en grupo, decía algo así como: “Praga es ahora”. Hacía referencia claramente a que en aquel momento, poco tiempo después de la apertura de los países del este,  la ciudad no estaba tan explotada turísticamente  y a que sus precios resultarían  competitivos.  Sobre lo primero tenía razón, ya que son hordas de turistas las que ocupan las calles de esta ciudad imperial. Sobre  lo segundo también, hoy en República Checa casi todos los precios están en las dos monedas (coronas /euros) y al cambio nada es sustancialmente más barato, ni siquiera la cerveza (zona turística), que respecto de lo que pudiéramos pagar, por ejemplo, en la Plaza Mayor de Madrid.
La ciudad no me ha decepcionado ni mucho menos pero es un lugar del que me han contado tantas maravillas que no puedo evitar reconocer que me lo esperaba tal y como me lo he encontrado. Me esperaba un lugar maravilloso y eso es justamente lo que me ha pasado al llegar aquí.  Nada que objetar a las muchedumbres, ya que todos están como yo, pero he llegado a comentar que es probable que en el fúturo pongan restricciones al turismo (es broma…je je je).
El recorrido turístico lo hemos comenzado en la Puerta de la Pólvora, la más famosa de las 13 entradas para acceder a la ciudad vieja.  Hemos ido hasta la plaza donde encontramos las primeras iglesias (de  las muchas) que nos toparemos por el camino, la de Nuestra Señora de Tyn, rodeada de edificios que posibilitan su acceso solo por un estrecho pasillo y la de San Nicolas Stare Mesto. Un poco más adelante está el Ayuntamiento Viejo con un famoso reloj con carrillón que es una imagen muy típica de la ciudad. Luego hemos hecho la calle de Carlos (Karlova)  para llegar a otro punto representativo (a lo mejor el más) de la ciudad: El puente de Carlos IV sobre el rio Moldava. Un puente de piedra que Carlos IV encargó en 1357 y que está poblado de esculturas de santos. Está flanqueado por dos torres que se pueden visitar (previo pago, of course).



Atestado de gente, aunque menos que otros que conozco (me viene a la cabeza el infernal Puente Vecchio de Florencia), une la ciudad vieja con la Mala Strana, donde hay montones de cosas que ver y calles que ver pero que hemos dejado aparcado para acércanos a la parte más alejada, la denominada El Castillo, donde se encuentra otra joya de Praga, La Catedral.

Por unos 10 euros consigues un combinado para ver La Catedral, impresionante, El antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge y El Callejón del Oro. Sobre este último comentar que es una callejuela con casitas de colores y que en el siglo XVII  estuvo habitada por orfebres. Es un curioso lugar que también hay que visitar porque una figura de la literatura universal vivió allí. En el número 22, donde ahora una librería vende sus obras, residió Franz Kafka.

Leí la Metamorfosis unos meses antes de empezar a trabajar y gracias a una colección de libros de un conocido diario en la que esta obra se incluida dentro de las mejores de todos los tiempos. La lectura me gusto y me animo a leer un segundo libro del autor, El Proceso, que me pareció bueno pero muy espeso. Mientras visitaba la pequeña casita en la que vivió me di cuenta de que en este viaje he visto mucho eso de “aquí vivió”, “aquí compuso” y me he dado cuenta que es una cosa que, con lo que me gusta el arte, me interesa bastante poco. Es decir, me gustan la Metamorfosis y Las Bodas De Fígaro y no tengo menor necesidad, ni entiendo la explotación turística, de donde se ató las zapatillas Kafka o donde se afeitaba Mozart.
Volviendo sobre La Catedral, erigida en honor a San Vito, es un edificio gótico realmente espectacular. Tan asombrado estaba ante lo magnifico de la edificación que no he prestado atención a prácticamente ni una de las figuras (muchas) que la pueblan. Es muy recomendable visitar inmediatamente después, por eso del contraste, la Basílica de San Jorge por su arquitectura románica y sus frescos milenarios. En el Palacio Real hay un par de balcones que permiten una vista espectacular de la ciudad y en él se encuentran las joyas de la corona que me han parecido las típicas (siento la irreverencia) baratijas de un chino.
En la Mala Strana merecerá la pena perderse un poco más, seguro, pero tocaba comer así que hemos bajado del castillo y hemos llegado hasta el Rodolfinum, sede de la filarmónica Checa, y por tanto al Barrio Judío, con poca actividad teniendo en cuenta que es sábado. Otro punto que tendrá que esperar a nuestro segundo día aquí. 
Callejeando, camino de la ciudad nueva, nos hemos topado con un cartel que ponía: Tonight: Cosí Fan Tute. Esa es la ópera de Mozart (de las que no he visto) que más ganas tenía de ver así que no lo hemos dudado. Escribo esto unos minutos antes de partir para ver mi primera ópera fuera de España y lo haré (nada más y nada menos) que en el Teatro de los Estados, lugar donde Mozart estrenó Don Giovanni allá por 1787. Un lujazo que ya os contaré.
Praga es mágica y pura historia. Es un cuento y espero que sus fans no se sientan defraudados y entiendan lo difícil que es resumir las impresiones que causa en un simple blog. Como siempre he elegido recorrerla 100% a pie para dejarme lo menos posible pero seguro que algo quedará (siempre).
Gracias por leerme.


Saludos.

19 de agosto de 2011

¡Vente a Alemania Maxi! /6

Dejamos atrás la buena vida de Múnich para entrar en la carretera y, después de unas Coca-Colas  y unas gominolas Haribo (que me han parecido exquisitas y que me gustaría encontrar en Madrid), hemos llegado a la primera parada de nuestro camino hasta Praga.
RATISBONA (REGENSBURG)

Esta ciudad de la parte suroriental de Baviera me ha dado la oportunidad de conocer uno de los ríos más famosos del mundo, el Danubio. Es una de las típicas ciudades bonitas alemanas que si no fuera porque tiene más de 130.000 habitantes parecería el típico pueblecito Bávaro. Su centro conserva mucho de ese encanto alemán que ya he encontrado en otros lugares. Lo más impresionante es su catedral. Un enorme edificio de estilo gótico cuya construcción duró hasta 3 siglos y que está dedicado a San Pedro. Los guías de la zona que he podido pillar (no había muchos turistas) comentaban su parecido (no la conozco) con la muy famosa Catedral de Colonia. Como en el resto de sitios que he visitado, la catedral no es la única iglesia de tamaño gigante del lugar y, también como en el resto, están muy cerca unas de otras.
Otra atracción, Ratisbona es un sitio ideal para una parada de dos horitas en el que dar una vuelta, es un puente de piedra sobre el Danubio que recibe el nombre de Steinerne  y que data de 1135 (ya son años). Desde el lugar de obtienen las mejores vistas del centro de esta ciudad de cuento. Al ser de piedra es el primero de los puentes por los que paso que no tiene uno solo de los dichosos candaditos del amor.

En la ciudad he visto los últimos escaparates dedicados a moda bávara (snif!) y también he sido testigo de una boda civil. Resulta que la parte final de la ceremonia se celebraba en la calle, donde en ese momento había un nutrido número de turistas. Yo me he quedado porque había unas palomas blancas enjauladas y quería ver lo que pasaba con ellas. Resulta que cuando han bajado los novios una señora que parecía ser la madre de él, ha leído unas palabras delante de todo el mundo y cuando ha acabado, en lugar de tirar arroz o pétalos...¡han soltado a todas las palomas! me ha parecido un cosa curiosas y hasta he hecho un vídeo que, por cuestiones de espacio y privacidad, no voy a colgar... ¡Qué vivan los novios!
A unos 12 kilómetros de allí se encuentra algo realmente sorprendente. En Donaustauf, un pequeño pueblo, hay a la orilla del Danubio una especie de templo griego (estilo dórico) que fue edificado a petición del rey Luis de Baviera para honrar a los grandes personajes alemanes. Recibe el nombre de Walhalla, que (que bueno ser lector de cómics) es el lugar donde residen los héroes muertos de la mitología nórdica. Ya que pasábamos por allí merecía la pena desviarse unos kilómetros para observar el templo. Lástima que unos andamios hayan impedido lo que parecía una foto espectacular.


Otros tantos kilómetros después hemos llegado a la República Checa donde nuestra primera comida ha sido en un Mc Donald’s de un área de servicio de la autopista: puede no ser lo mejor del mundo pero ante la duda el tío Ronald McDonald es una garantía de sabor conocido.
Y por fin, PRAGA. (No tengo palabras para las primeras tres horas que he pasado en la ciudad).






Algo corto hoy pero las palizas kilométricas que nos estamos dando me dejan muerto y resumir lo que he visto de la ciudad imperial desde la que escribo esto es…es...muy difícil y merece un post propio.
 Saludos...y por favor, comentadme que me hace mucha ilusión!!

18 de agosto de 2011

¡Vente a Austria Maxi! /5

SALZBURGO (SALZBURG, AUSTRIA)

Nos hemos “acercado” a esta ciudad de la vecina Austria por estar relativamente cerca de Múnich (nuestra primera base de operaciones) y porque su interés turístico es incuestionable. En la que se considera 4 ciudad del país vino al mundo, un 27 de enero de 1756, su “hijo” más grande, Johannes Chrisostomus Wolfgangus Theophilus Mozart  o  Wolfgang Amadeus Mozart para el común de los mortales.
La ciudad, visto la importancia del personaje, bien podría haberse pasado a llamar Mozartlandia tras su muerte. La casa donde nació, la pila donde lo bautizaron, la iglesia en la que tocó por primera vez su misa en do menor, la casa donde vivió su familia, la tumba de su padre…y podría seguir con no sé cuantas cosas, son los puntos de interés turísticos principales de la ciudad. Lo cierto es que la música lo invade todo en ella. He podido ver varias tiendas de música  clásica (a precios nada competitivos, la verdad) y en muchos rincones hay músicos con los más variados instrumentos amenizando el paseo de los miles de turistas que transitan sus calles.
El colmo de kitcsh son, como casi siempre, las tiendas de souvenirs, que además de paraguas con notas músicales, venden, entre otras cosas relacionadas con el compositor una colonia (¿?) y unos bombones Mozart dentro de una caja con forma de violín que me han parecido horribles pero  de los que me ha gustado su anuncio en la calle,  unos figurines del artista a tamaño natural que son ideales para fotos. Se da la circunstancia de que este lugar, y sus alrededores, fueron el escenario natural de The Sound of Music la película que en 1966 protagonizó Julie Andrews y que  (nunca lo entenderé) se llamó en España Sonrisas y Lagrimas y (esto lo entiendo menos) en Argentina La Novicia Rebelde, el caso es que la cinta también da para unos cuantos souvenirs de altura.

Lo peor de nuestra visita a Saltzburgo ha sido, con nuestra afición a la ópera, que se estuviera celebrando el Festival operístico más importante del mundo y que no tuviéramos entrada para ver, por ejemplo, el Don Giovanni que comenzaba a las 15:00 horas o el Cosí Fan Tute del día siguiente. La prensa ha puesto por las nubes las representaciones de este año y por eso me da mucha rabia. Cuando pasábamos por la calle Horfalgasse  hemos podido ver como entraban a la representación algunos espectadores y me he quedado de piedra al comprobar que con 35 grados (un calor insoportable por la sensación de humedad que da el rio Salzach) ¡la gente iba de etiqueta! Me llamaréis antiguo, pero me ha encantado.
La ciudad está coronada por  La Fortaleza Hohensalzburg a la que se sube en un tren cremallera por 10 euros que dan derecho a una visita que no merece la pena más que por las espectaculares vistas aéreas de la ciudad. Ojo, digo que no merece la pena porque a mí no me interesan los museos militares pero para los fans de ese tipo de museos, el interior de la fortaleza les iba a encantar.

En un espacio muy reducido se encuentran La Residencia de los Obispos, La Abadía de San Pedro, La Catedral de Saltzburgo y la Iglesia de los Franciscanos, siendo estos tres últimos edificios  tan grandes que  me ha llamado la atención que estén tan cerca. Vistos todos el que más me ha gustado ha sido el de  La Abadía, un convento Benedictino  cuya iglesia es una joya del rococó (aunque menos recargado que lo que he visto en Múnich) y que tiene un cementerio que, lo dicen ellos, es el más bonito del mundo. La curiosidad del camposanto son 7 crucifijos bajo los que, según la tradición, están enterradas las siete viudas de un picapedrero que las mato de risa con cosquillas. Flipante (luego ya te aclaran, que no, que sólo es una leyenda).

Tras las fotos obligadas a todos los lugares donde Mozart hizo algo, hemos recorrido la calle donde nació y que es una importante vía comercial de la ciudad, la calle Getreidegasse.  La diferencia del resto de calles peatonales que conozco en el mundo son los letreros de las tiendas, de hierro fundido y ciertamente bonitos.  

El centro de Salzburgo está dividido en dos partes por el rio que ya he comentado, de un lado vemos todo lo que ya os he contado y del otro, la orilla derecha, otras tantas cosas que merecen ser visitadas sin, necesariamente, tener nada que ver con el compositor.  Los jardines del palacio de Mirabell o la Iglesia de San Sebastián son un buen ejemplo. En el caso de ésta última sí que encontramos la enésima referencia a Mozart, en el camposanto que hay detrás están enterrados Constanze, su mujer, y Leopold, su padre. Los restos del artista, que descansan en Viena, debe ser lo único suyo que no está en esta ciudad.
Me ha gustado bastante ir a pasar el día allí pero mientras paseaba, con un calor ciertamente asfixiante, no podía parar de pensar en que, por muy bonita que sea la ciudad, la sobreexplotación turística convierte a estos lugares en una especie de parque temático. No digo yo que no haya que haber turistas, faltaría más, pero me parece excesivo que detrás de cada cosa que veas, a veces incluso Iglesias, tengas que salir por una tienda que te vende recuerdos que en el 90% de los casos nada tiene que ver con lo que has visto. En Salzburgo es el no va mas, incluso nos han hecho una foto antes de entrar a la fortaleza, como si aquello fuera una montaña rusa y quisieras, al módico precio de 5 euros, quedarte con un recuerdo horripilante de tu cara metida en un ¿escudo? medieval.
Una última vuelta por Múnich, que me ha encantado y a la que pienso volver en algún Oktoberfest vestido de Bávaro, ha sido el colofón para otro estupendo día turístico.
Si las redes quieren…pronto tendréis más.
¡Saludos!

¡Vente a Alemania Maxi! /4

FÜSSEN
A unos 150 Kilómetros de Múnich se encuentra esta ciudad cuyo interés turístico reside en un par de castillos que se encuentran en sus alrededores. La imagen superior es el entorno de estos dos históricos edificios.
HOHENSCHWANGAU

(No he conseguido pronunciarlo) es el más antiguo de los dos y domina el pequeño lago Alpsee, que es recomendable rodear paseando para descubrir varias de las sorpresas que esconde. Es de estilo Neogótico y su origen data de la época de los caballeros allá por el siglo XII. Maximiliano II de Baviera lo adquirió y reformó a principios del siglo XVII.  Su primogénito, Luis II de Baviera vivió aquí hasta que finalizó la construcción del otro castillo.
Por dentro no es un gran qué pero merece la pena visitarlo para ver como vivirán los reyes hace unos tres siglos. Se guardan en su interior muchos recuerdos de la estupenda relación, marcadísima en el otro castillo, que el monarca Luis II tuvo con ese compositor tan “amado” por mí que es Richard Wagner.  De hecho fue a él a quien por carta dedico desde este palacio las siguientes palabras el 13 de mayo de 1968...
"Tengo intención de reconstruir la vieja ruina del castillo de Hohenschwnagau, en la garganta de Pöllath, manteniendo el verdadero estilo de los antiguos castillos feudales alemanes…el emplazamiento es uno de los más bellos que se puedan hallar."
NEUSCHWASTEIN


Este castillo es el resultado de aquella misiva. No se equivocaba al mencionar lo espectacular del paraje y la belleza del entorno ha contribuido, sin duda, a que este castillo sea una imagen conocidísima en todo el globo, inspiración de Disney para la creación del castillo de cierta princesa durmiente y de que aparezca en puzles de todo el planeta.
Es medieval en su conjunto pese a ser del siglo XVI pero hay en su interior estilos de prácticamente todas las épocas hasta entonces. Aquí es muy palpable lo impresionado que estaba Luis II con la obra de Wagner, de quien fue mecenas, y se pueden ver en varias estancias referencias a las Óperas compuestas por el maestro alemán.
Al salir de este segundo castillo y a unos 20 minutos a pie se encuentra el Marienbrucke, un puente a 92 metros de altura sobre un barranco que es más antiguo que el castillo y que ofrece la mejor foto del mismo, es decir, la que he incluido para ilustrar esta parte del post.
Ambos castillos lucen, la verdad, más por fuera que por dentro pero si se viene hasta aquí es recomendable visitarlos. La visita combinada cuesta 25 euros y hemos preferido hacer todos los desplazamientos a pie aunque se pueden hacer en bus o coche de caballos. Allí hemos pasado todo el día recorriendo los caminos de estas montañas, Alpes Alemanes, con una geografía realmente bonita. El camino de vuelta a Múnich, pasando por lo pueblitos bávaros ha puesto la guinda a un día de mucho, mucho, mucho caminar aunque está vez era entre naturaleza y no por ciudad (que es a lo que estoy acostumbrado).
Dos cosas he sacado en claro hoy…a veces cuando te encuentras con compatriotas te dan ganas de decir que eres de Kuala Lumpur  y que en Italia al comprar dos paquetes de pasta te deben regalar un billete a Alemania: Esto está lleno de habitantes de ese país

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